Según Jerry Roberts, de CareerJolt.net, la estrategia es más útil que la emoción.
Decir que tu jefe es un monstruo o culparlo por todo lo que va mal en tu vida puede ser lúdico e incluso terapéutico, pero no ayuda nada a mejorar tu situación. Sólo una estrategia dirigida de forma clara y un conjunto de tácticas definidas lo harán.
Esta frase, que encontramos en el blog de la española Carmen Plá, nos incentivo a completar el post anterior sobre los jefes malhumorados centrándonos en la relación interpersonal.
Ahora, algo importante, antes de leer este post planteate seriamente si te vas a quedar o ir del trabajo, no sea que pierdas tu valioso tiempo. Este análisis previo es importantísimo, No sigas leyendo sin haberlo hecho. Si ya tenes claro el análisis inicial, aquí van:
Estrategia 1: Preparate para comprometerte
Si vas a aceptar la nómina, aunque encuentres a tu jefe detestable y carente de todo valor social que le pudiese redimir, vas a tener que encontrar la forma de trabajar juntos. Eso significa que tendrás que romperte la cabeza con este proceso. Tendrás que encontrar algo en él que te permita tolerar sus debilidades y pasar por alto el resto. Incluso los peores directivos tienen buenas cualidades, a veces geniales. Si puedes dejar de lado tu ego y permitirte apreciar a esta persona por lo que hace bien –y bloquear las cosas que hace que te sacan de quicio- vas por buen camino.
Estrategia 2: Reúnete 5 minutos
Para saber dónde estás con tu supervisor dale una nota manuscrita (no un e-mail) pidiéndole una breve reunión. “Necesito tu ayuda en algo importante. ¿Me puedes dar cinco minutos?” Eso es suficiente. No concretes aquí. La curiosidad juega a tu favor.
Cuando entres en la reunión tienes tres objetivos:
1. Conseguir la opinión del director sobre la calidad de tu trabajo
2. Dejar claro que te entusiasma tu trabajo
3. Mostrar que quieres avanzar y hacer más
Cuando haya terminado de darte su opinión, solicita inmediatamente una reunión de 5 minutos al mes para evaluar los progresos realizados. No te vayas sin haber fijado día y hora.
Nada te acercará más al corazón de un supervisor que un trabajador que se ofrece voluntario para un trabajo extra. Todos los empleadores tienen proyectos huérfanos rondando en estado descuidado. Pregunta entre los administrativos cuáles son elige uno que además de beneficiar a la organización también te dé una visibilidad un tanto amplia. Luego aplícate.
Estrategia 3: En las reuniones de seguimiento hay que mostrar progreso
La primera reunión fue para poneros de acuerdo y hablar el mismo lenguaje. Las sesiones subsiguientes son para supervisar el progreso. Si tu supervisor te ha apoyado en esto significa que ha apostado por el programa y tiene interés en verte triunfar.
Estrategia 4: Encuentra un mentor
Independientemente del tipo de trabajo que hagas, hay gente que estará encantada de compartir sus conocimientos contigo para ayudarte a hacerlo mejor. Un mentor puede ser una eficaz referencia no sólo en cuestiones técnicas, sino incluso para sobrevivir en tu puesto de trabajo. Muchas personas de éxito lo han utilizado y todavía lo hacen.
Estrategia 5: La comida puede ser un gran nivelador
No me preguntéis sobre la psicología que lo explica, pero el acto de compartir la comida puede romper desconfianzas y llevarnos a abrirnos un poco a los demás. He visto derrumbarse muros entre personas tras una comida. Aunque pienses que no aceptará, la próxima vez que vayas a pedir comida para llevar con tus compañeros, pregúntale a tu jefe si también quiere.
Simplemente considéralo un axioma: La combinación de alcohol y jefe es arriesgada.
Conclusión
Las personas no cambian fácilmente. Esto es cierto cuando hablamos de nuestros jefes pero cuando hablamos de nosotros, también. El verdadero cambio llega con experiencias de la vida que sacuden nuestro mundo y nos hacen mirarnos a nosotros mismos con una mirada nueva. Si tu jefe es un cliente difícil puede que continue siéndolo. Aún así, puedes ayudar a modificar su comportamiento.
Una de las primeras lecciones que aprendí es que el camino más fácil para conseguir lo que quiero es ayudar a otros a obtener lo que desean. Si tu jefe ve que trabajando contigo los números salen mejor o que se consigue cualquier otro beneficio significativo, entonces es probable tener un buen trato. En ese momento, depende de ti que mejore su opinión sobre ti y tu valor para la organización.
¿Y si no tienes jefe?
Este es otro tema, porque tal vez tengan empleados difíciles.

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