La comunicación en los organismos del Estado es una causa pendiente para los comunicadores. La reflexión sobre este particular y sobre todo, la gestión de la comunicación en estos ámbitos quedó relegada a la coyuntura política y del Jefe de turno de la entidad.
La comunicación interna, como una gestión que tiende a fortalecer los vínculos y la cultura de una organización en su nivel interno, ha tomado protagonismo en las empresas privadas, y en las públicas está emergiendo.
Existen algunos estudios sobre esta particular tema en algunos países de Latinoamérica. En la Argentina comenzó la reflexión en pequeños ámbitos.
En este sentido, AB Comunicaciones entrevistó a uno de los protagonistas de la comunicación en el Estado: Mario Migliorati, vocero de La Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable”.
Con él conversamos sobre el rol de la comunicación interna en su ámbito de trabajo.
1. Cuál es la relevancia que le asigna usted a las comunicaciones internas en las entidades públicas?
Ante esta pregunta una afirmación: no nos es posible escindir, para quienes fijamos la comunicación desde perspectiva social, comunicación interna y externa. Se puede apuntar a definir productos diferenciados, criterios disímiles y perspectivas múltiples, pero hay una sola comunicación desde el lugar asumido por el comunicador. Un solo ejemplo: aquel que en una empresa es trabajador, seguramente es usuario en la gran mayoría de los casos. En consecuencia, cómo hay que definirlo, dónde lo alojamos; ¿desde dónde pensamos la comunicación? Esta sería la pregunta.
2. ¿Cómo deberían integrarse las comunicaciones internas en la estrategia global de una entidad del Estado?
Cuando se piensa un plan estratégico de comunicación, se ponen de relieve criterios no sólo comunicacionales. Debe establecerse un verdadero escenario de diálogo para que lo que se define como políticas públicas de la gestión articule con el sentido comunicacional propuesto. La comunicación no es subsidiaria de la gestión de políticas públicas sino que se funda en ella, en todas sus instancias y se constituye en una referencia para alcanzar las metas.
3. ¿De qué manera concreta deberían articularse las políticas de comunicación interna en una organización estatal?
La articulación correcta parte –principalmente- de aquél que debe hacer el primer llamado al diálogo, para definir qué, cómo y cuándo hacia la definición de instancias y concreción de prácticas de comunicación. Si este no acierta en su primer diálogo, no fracasa la comunicación, sino una propuesta que se encausa en un referente o grupo de trabajo.
Es bueno pensar porqué si cambia un técnico, con los mismos jugadores, pasa el equipo de mitad de la tabla a disputar un título. Será que la visión es la que domina el escenario y que, tal como se transmitan los intereses y generen los estímulos, ese grupo será otro.
En una organización del Estado ese lugar queda para el referente de comunicación: de acuerdo a como se presente, qué promueva y cómo comunique tendrá más o menos éxito; con una salvedad, la apuesta debería estar en despertar en cada uno de los sujetos con los que comparte su trabajo el “qué” de la comunicación para que cuando ya no esté, ese qué siga siendo la primer pregunta obligada.
4. En el caso público, las comunicaciones internas ¿generan valor agregado a los bienes y/o servicios ofertados? ¿Cómo se materializa esta constatación?
Sin dialogar, sin preguntar, sin ofertar, sin disentir no se crean escenarios o no adquiere sentido la comunicación en una organización. Parto de la idea que la comunicación está de una u otra forma presente, y de una u otra manera es entendida, por quienes integran el organismo antes de la llegada de un comunicador.
Es trabajo del comunicador potenciar lo mejor.
La materialización de las acciones depende de cómo se constituya el diálogo, ese primer encuentro con cada uno que sea parte de ese diálogo.
*(la entrevista completa en el AB News de Marzo)